miércoles, 23 de noviembre de 2011

Romance del rey Ramiro

Ya se asienta el rey Ramiro,        
ya se asienta a sus yantares,           
los tres de sus adalides                
se le pararon delante:          
al uno llaman Armiño,           
al otro llaman Galvane,                 
al otro Tello, lucero,          
que los adalides trae.          
-Mantengaos Dios, señor.                
-Adalides, bien vengades.               
¿Qué nuevas me traedes          
del campo de Palomares?                 
-Buenas las traemos, señor,             
pues que venimos acá;           
siete días anduvimos            
que nunca comimos pan,          
ni los caballos cebada,                 
de lo que nos pesa más,                 
ni entramos en poblado,                 
ni vimos con quién hablar,              
sino siete cazadores            
que andaban a cazar.            
Que nos pesó o nos plugo,               
hubimos de pelear:              
los cuatro de ellos matamos,            
los tres traemos acá,           
y si lo creéis, buen rey,
si no, ellos lo dirán.  


http://es.wikisource.org/wiki/Romance_del_rey_Ramiro

¿Cómo te llamas?

Me llamo León porque leo mucho.
Me llamo escarabajo porque vivo abajo, debajo de la tierra.
Y si te llamas Mariana, baja la persiana. Enriqueta, ponte la chaqueta. Pacorro, ponte el gorro. Valentín, ponte el calcetín. Josefina, ponte la gabardina. Vanesa, pon la mesa.
¿Y tú cómo te llamas?

Romance del rey de Aragón

Miraba de Campo-Viejo
el rey de Aragón un día,
miraba la mar de España
cómo menguaba y crecía;
miraba naos y galeras,
unas van y otras venían:
unas venían de armada,
otras de mercadería;
unas van la vía de Flandes,
otras la de Lombardía;
esas que vienen de guerra
¡oh, cuán bien le parecían!
Miraba la gran ciudad
que Nápoles se decía,
miraba los tres castillos
que la gran ciudad tenía:
Castel Novo y Capuana,
Santelmo, que relucía,
aqueste relumbra entre ellos
como el sol de mediodía.
Lloraba de los sus ojos,
de la su boca decía:
-¡Oh ciudad, cuánto me cuestas
por la gran desdicha mía!
Cuéstasme duques y condes,
hombres de muy gran valía,
cuéstasme un tal hermano,
que por hijo le tenía;
de esotra gente menuda
cuento ni par no tenía;
cuéstame ventidós años,
los mejores de mi vida,
que en ti me nacieron barbas,
y en ti las encanecía.          

Romance de los infantes de Aragón

Alburquerque, Alburquerque, 
bien mereces ser honrado 
en ti están los tres infantes  
hijos del rey don Fernando. 
Desterrélos de mis reinos,  
desterrélos por un año; 
Alburquerque era muy fuerte,  
con él se me habían alzado. 
¡Oh don Álvaro de Luna,  
cuán mal que me habías burlado! 
dijísteme que Alburquerque 
estaba puesto en un llano, 
véole yo cavas hondas  
y de torres bien cercado; 
dentro mucha artillería,  
gente de pie y de caballo, 
y en aquella torre mocha  
tres pendones han alzado: 
el uno por don Enrique,  
otro por don Juan, su hermano, 
el otro era por don Pedro,  
infante desheredado. 
Álcese luego el real  
que excusado era tomarlo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Sabías que...

Gloria Fuertes

De la espina de la sardina, nace la gasolina.
De la uva pisada en agosto nace el mosto.
Del piñón pequeño y fino, nace el alto pino.
De la hueva nace el pez.
Del trigo de la meseta, nace la galleta.
El azúcar nace de la caña, del azúcar nace el caramelo, de la risa nace la alegría, de la cabeza nace la cana, de la amistad un te quiero.
Del árbol nace el papel, de las letras nacen las palabras, de las palabras nace el cuento, el cuento nace del talento del escritor y el escritor nace del sentimiento.